San
Valentín. Una fecha esperada para unos y odiada para otros. Una fecha que ha
visto los besos más bonitos de la historia y las lágrimas que a nadie le gusta
saborear. Una fecha de bombones, ramos de rosas, cartas anónimas y peluches que
no llegarán a tener nombre. Una fecha de cenas románticas y helado de chocolate
en el salón de tu casa. Y no sé puede que
esté equivocada o que el problema sea que esté totalmente sola, pero yo soy de
las que piensa que San Valentín es un simple engaño para dejarse el dinero en
regalos que no significan realmente nada. Pienso que si de verdad quieres a una
persona, tienes que demostrárselo todos los putos días y que tienes que saber
demostrárselo sin necesidad de dar unos insignificantes regalos. Pero la verdad
es bonito ver a parejas por la calle besándose o simplemente pidiéndose en los
ojos de la otra persona. Es bonito, muy bonito. ¿A quién no le gustaría? Y
aunque no sea más que un día como todos los demás para mí, ojalá el año que
viene tenga una bolsa de gusanitos con quien compartirla.

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